Así lo reveló un estudio publicado en la revista científica Biological Invasions, que analizó la posición de diferentes especies dentro de la red alimentaria del ecosistema mediterráneo chileno, reconocido internacionalmente por su biodiversidad y alto nivel de endemismo.
Una de las especies invasoras con mayor relevancia es el conejo europeo, que no solo consume plantas nativas e invasoras y dificulta la regeneración de la vegetación, si no también se ha convertido en alimento para numerosos depredadores del bosque y matorral esclerófilo de Chile central. “La presencia del conejo se vincula a numerosas plantas, herbívoros y depredadores nativos, lo que demuestra que el manejo de una especie invasora no debería planificarse de manera aislada, sino considerando las relaciones que ha establecido con el resto del ecosistema”, explica Gübelin.
La investigación fue desarrollada por la estudiante doctoral Patricia Gübelin y el laboratorio de especies invasoras de la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC), liderado por Paola Correa-Cuadros PhD, investigadora principal del Fondecyt de Iniciación N°11251362, en colaboración con investigadores de la Universidad Mayor como Isidora Ávila-Thieme PhD, Universidad Andres Bello con Melanie Duclos Katunaric PhD, e investigadores de la UC, como Pablo Becerra PhD y el premio nacional de ciencia Fabián Jaksic PhD.
Una red de 252 especies y grupos taxonómicos
Para desarrollar el estudio, el equipo recopiló información científica publicada entre 1978 y 2024 sobre la distribución y alimentación de especies presentes en bosques y matorrales esclerófilos, desde la Región de Coquimbo hasta la del Biobío.
“A partir de estos antecedentes, reconstruimos una red formada por 252 nodos, correspondientes a especies o grupos taxonómicos, y 798 interacciones alimentarias. Del total analizado, un 53% correspondió a especies nativas, un 25% a endémicas y un 22% a exóticas”, detalló la investigadora Paola Correa-Cuadros.
El equipo utilizó indicadores de conectividad para establecer qué especies ocupaban posiciones más centrales dentro de la red. Entre las exóticas destacan el conejo europeo, el perro doméstico, la rata negra, el ratón doméstico y la codorniz californiana.
El conejo europeo encabezó la clasificación, con 39 interacciones documentadas. La especie consume 23 de las 110 plantas incorporadas en el análisis, incluidas 15 endémicas, seis nativas y dos exóticas. Al mismo tiempo, es consumido por 15 de las 21 especies de depredadores estudiadas, equivalentes al 71%.
Entre estos depredadores se encuentran el puma, la güiña, el quique y el águila mora. Aunque ninguno depende exclusivamente del conejo, esta especie se ha convertido en un componente frecuente de sus dietas.
Un desafío para la recuperación de la comunidad esclerófila
El conejo europeo puede provocar una alta mortalidad de plántulas y dificultar el establecimiento de especies características del bosque esclerófilo, como el quillay y el litre. También afecta la regeneración de especies amenazadas, entre ellas la palma chilena.
Sin embargo, su incorporación a la dieta de numerosos depredadores plantea un desafío para su manejo. Una disminución de sus poblaciones podría favorecer la recuperación de la vegetación, pero también modificar las relaciones entre depredadores y presas si no existen suficientes recursos alimenticios alternativos, sobre todo considerando la mega sequía que sufre Chile central y que afecta directamente a los roedores, principales presas de los depredadores.
El estudio no permite predecir directamente qué ocurriría al retirar una especie invasora. La red fue construida a partir de interacciones documentadas en la literatura y no mide su intensidad, la abundancia de cada especie ni las diferencias entre territorios. No obstante, entrega una base para identificar conexiones que deberían considerarse antes de implementar medidas de control.
Los autores proponen avanzar hacia estrategias integradas que consideren simultáneamente a las distintas especies invasoras, junto con programas de monitoreo capaces de detectar cambios en la vegetación y los depredadores nativos.
En este contexto, Gübelin comenta: “Con el propósito de fortalecer las estrategias de manejo y restauración del bosque esclerófilo, uno de los pasos a seguir es cuantificar los efectos del conejo sobre la vegetación. Por lo que, como parte de mi tesis doctoral, estamos evaluando experimentalmente como el ramoneo del conejo afecta el establecimiento de plantas leñosas nativas pioneras de esta formación vegetacional”.
Además del Fondecyt de Iniciación N°11251362, el estudio recibió apoyo de proyectos ANID Basal, una Beca de Doctorado Nacional y proyectos Fondecyt de Postdoctorado.
Revisar el paper completo aquí: https://link.springer.com/article/10.1007/s10530-026-03897-1
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